El estado de fluidez en jóvenes adultxs que no estudian ni trabajan: una propuesta desde la DMT
- Ana Mata

- May 9, 2022
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[Este trabajo fue la entrega final del Seminario de Fundamentos teóricos de la Danza Movimiento Terapia
con adultos impartido por Diana Fischman en el marco de la Maestría en Danza Movimiento Terapia de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), Buenos Aires, Argentina]

El objetivo general de este trabajo es visualizar una articulación entre técnicas que la Danza Movimiento Terapia (DMT) pueda ofrecer a una población adulta con el fin de promover habilidades o atender problemáticas que estén presentes a esa edad.
Este documento elabora una propuesta que está enfocada en una población adulta joven que va, aproximadamente, de los 18 a los 35 años. La población elegida tiene un recorte adicional que tiene que ver con la situación de ocupación y empleo de las personas con las que se trabajará; puntualmente, la propuesta se orienta en atender a jóvenes que no estudian ni trabajan.
La relevancia de la propuesta que aquí se elabora responde a información presentada específicamente sobre la población mencionada en México. Sin embargo, la propuesta está diseñada alrededor de los elementos más gruesos de la problemática en cuestión, de modo que las técnicas buscan cierta universalidad que permita su adaptación a diferentes contextos donde este problema tenga lugar en formas más específicas.
El texto repasará brevemente los conceptos de adultez que sustentan esta propuesta, para después presentar la problemática de las y los llamados informalmente ninis (que surge de la frase: “ni estudia, ni trabaja”). Posteriormente se explorará el estado de fluidez -flow- (Csikszentmihalyi) como una herramienta de utilidad en la atención a esta población, para, por último, proponer las técnicas de enraizamiento (Lowen) y la exploración del flujo- (Laban-Bartenieff) en talleres o sesiones de Danza Movimiento Terapia.
La adultez
La edad adulta es una etapa que por su complejidad ha sido estudiada a partir de numerosos modelos y teorías; cada una de ellas ofrece una definición diferente de lo que significa ser adulto. Para empezar ampliando, diremos que desde un punto de vista etimológico, la palabra adulto implica haber terminado de crecer; que cronológicamente la adultez abarca aproximadamente los 40 años que ocurren entre los 20 y los 60; que jurídicamente el concepto de adultez define lo que se conoce como mayoría de edad; y que sociológicamente implica ya estar ocupando un puesto integrado al medio social, con todas las responsabilidades que eso conlleva (Monreal-Gimeno 2001:99-100).
Aquí, la definición de la adultez desde una perspectiva psicológica es la que más nos interesa, y es quizás la más intrincada de todas. Como el interés del presente trabajo se centra en una etapa de la adultez en particular, esta etapa se presenta a continuación desde varias perspectivas que resultan útiles.
La adultez temprana en Erikson y Huberman
Debido a que la adultez abarca un lapso de tiempo considerable, es habitual que para trabajarla conceptualmente se distinga en varias etapas que la componen. La etapa que nos interesa es una que se extiende aproximadamente entre los 18 y los 35 años de edad.
De acuerdo con el teoría motivacional de Huberman, a este ciclo se le conoce como el de “concentración por la propia vida” e incluye el que la persona adulta, que ya goza de una identidad psicológica suficientemente estable, se movilice para construir una identidad social. Esto se da principalmente a través de su trabajo, carrera u oficio, pero también gracias a la elección de una ideología y de un compañero o compañera para la vida. La motivación es “tener y presentar una buena imagen de sí mismo” (Monreal-Gimeno 2001:102).
Desde el modelo clínico de Erikson, que por otra parte es considerado el principal iniciador de estudios sobre la evolución adulta, se conoce a este periodo como “joven edad adulta” y se define como una etapa de búsqueda de relaciones. Para este autor, la problemática se debate entre las posibilidades de intimidad o de aislamiento. Por lo tanto, el objetivo a resaltar durante ese periodo es la construcciones de relaciones de intimidad que, de acuerdo a la teoría de Erikson, sólo se podrán establecer si están dadas las condiciones previas para la madurez de esta etapa. Ellas son: “la confianza absoluta, la autonomía de ambas partes, el sentimiento de identidad y la aceptación incondicional” (Monreal-Gimeno 2001:105).
Para resumir: el foco de desarrollo en la adultez joven o temprana, está puesto en un movimiento hacia afuera, hacia la realización y una participación social: la búsqueda de una pareja, de una ocupación y de una ideología orientadora para la vida. Sin embargo, existen personas para quienes, por numerosas razones, no es sencillo dar ese salto.
Las y los ninis en México
Empezaremos diciendo que aún no existe una definición aceptada internacionalmente sobre lo que significa ser nini. Según Tuirán y Ávila (2012) el fenómeno es heterogéneo y por lo tanto, complicado de conceptualizar. Además, autores como Negrete y Leyva (2014) aseguran que es engañoso sugerir que los únicos dos ámbitos de actividad valiosos son el mercado laboral y los espacios de formación profesional.
Pese a las diferencias y contradicciones en la definición, en México en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en el 2011, se determina si alguien es nini de manera sencilla: preguntando si la persona estudia o trabaja, y respondiendo sí o no.
Diferentes análisis de los datos recabados en la ENOE coinciden en que un 22% de las y los jóvenes de entre 15 y 29 años en México no estudian ni trabajan (Durán Romo, 2017:50). Eso quiere decir que un poco más de 6 millones de jóvenes se encuentran en esta situación en el país.
La tendencia, sin embargo, es similar en otros países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), cuyo promedio de ninis alcanza el 19.4%, según datos del año 2014 (Durán Romo, 2017:50). México ocupa el quinto lugar más alto, después de Turquía, España, Italia y Chile, por lo que la problemática es acuciante.
Como hemos sugerido, averiguar las razones por las cuáles esto sucede, no tienen nada de sencillo. Lo cierto es que no todas las personas que no estudian ni trabajan carecen de aspiraciones o del deseo de trabajar (Durán Romo, 2017:). Para Negrete y Leyva (2014), en México, es particularmente preocupante la población juvenil que no estudia y que no está disponible para trabajar por tener que encargarse de las labores del hogar o del cuidado de niños, ancianos o enfermos; los autores encuentran que esa categoría de personas no necesariamente podría entrar dentro de las y los llamados ninis.
El problema desde una perspectiva psicológica y social
Los efectos de la dificultad por insertarse y participar del medio social han sido analizados sobre todo desde una perspectiva económica. Mas el enfoque que nos interesa ofrecer en este trabajo es de orden psicológico y social, por lo que retomaremos a Winnicott, quien en su obra Realidad y Juego, habla del papel que juega el ambiente en el desarrollo:
“… para permitir al individuo convertirse en una persona que vive y participa en la vida de la comunidad, todo lo que se produce es creativo, salvo en la medida en que el individuo está enfermo o se encuentra frenado por factores ambientales en desarrollo que ahogan sus procesos creadores” (1969: 96-7)
Toda persona vive inmersa en un mundo relacional que, para Winnicott, es facilitador -o no- del desarrollo. Considerando que el 50% de las y los ninis en México lo son por no estar disponibles para trabajar, resulta importante ofrecer espacios para actividades que propongan una exploración más adecuada a su edad, según la teorías del desarrollo.
Además, debemos considerar un punto importante que es la condición de nini y su posible vinculación con la violencia. Escobedo (2015) presenta una reflexión preocupante tomando datos de un informe que hizo el INEGI sobre violencia y juventud:
“Si se pudiera medir el grado de participación de jóvenes en actos de violencia y se tomara como indicador la categoría ‘NINI’, se hablaría de un 80% de participación de ellos dando en consecuencia que ser ‘NINI’ no solo es sinónimo de juventud, marginación y violencia sino también de muerte…” (p.50)
Recordemos que Winnicott utiliza el término creatividad de forma amplia, no como la creación artística, sino a la conexión posible entre mundo subjetivo y objetivo. Hablando de la violencia, se puede dar un sentido invaluable a la siguiente idea:
“Advertimos, o bien que los individuos viven en forma creadora y sienten que la vida es digna de ser vivida, o que no pueden hacerlo y dudan del valor de vivir. Esta variable de los seres humanos tiene vinculación directa con la calidad y cantidad de la formación de un ambiente al comienzo o en las primeras etapas de la experiencia vital de cada bebé” (p.100)
Recuperemos la idea que, para las personas de la edad que estamos revisando, la prioridad en términos de desarrollo sería poder hacer un movimiento hacia afuera, hacia lo social, y así satisfacer, a través de la propia labor, el sentido de valerse por sí mismo.
Hacer ese movimiento, sin embargo, requiere que las condiciones previas estén suficientemente bien dadas, de forma que la persona sea capaz de haber construido un sentido de sí mismo y de su propia identidad y necesidades; las propuestas desde la Danza Movimiento Terapia pueden apoyar en ese transito trunco.
Una posible explicación
La selección de las herramientas de la DMT que este trabajo propondrá más adelante, se basa, primero que nada, en los datos estadísticos que se han recabado sobre el fenómeno de las y los ninis. Además, a dichos datos se suma una explicación hipotética que busca dar cuenta del por qué de esta problemática desde una perspectiva de investigación para idear planes de intervención. A continuación se presenta una posible explicación al problema que se viene presentando.
Debemos reiterar que el corazón de la etapa vital del adulto joven se trata de la realización del sentido de valerse por sí mismo, que se da a través de la concentración por la propia labor en un contexto social en el que se participa activa y significativamente. Considerando esto, con las y los ninis nos enfrentamos a una población en la que podríamos atender las siguientes problemáticas que se dejan ver.
En primer lugar, se intuye una dificultad para sentir que las propias habilidades y destrezas se pueden ponen efectivamente en juego en la actividad que se realiza -o que se realizaría a través del estudio- para ganar dinero. Poder poner habilidades y destrezas en juego depende, en gran medida, de haber aprendido cómo hacerlo; y aquí aparece sin lugar a dudas el papel fundamental que juega los espacios de crianza de estos jóvenes adultos/as cuando fueron pequeños/as.
El espacio familiar y espacio escolar y social, son los ambientes facilitadores del desarrollo por excelencia. Sin embargo, el que los jóvenes adultos/as devengan ninis, puede dar cuenta de que estos espacios no están consiguiendo el objetivo de facilitar desarrollo. Las familias, las escuelas y otros espacios de pertenencia, por lo visto, no están poniendo a prueba las habilidades y destrezas de las y los jóvenes desde una perspectiva curiosa y activa en la búsqueda de sus fortalezas y de sus debilidades, en un contexto de apertura al error y al juego. Por ello, nuestro primer objetivo sería propiciar un mayor contacto con sus habilidades y destrezas.
El enfoque en las habilidades y destrezas proviene del concepto estado de fluidez -o flow- que desarrolló Mihaly Csikszentmihaly en su libro: “Flow: the psychology of optimal experience”. Se trata de un estado donde se experimenta una entrega total a la tarea que se realiza y que, para alcanzarlo, necesariamente deben ponerse en juego las destrezas y habilidades propias en dicha tarea.
En segundo lugar, la misma desconexión que se presume existe entre las y los ninis de sus habilidades y destrezas, juega en contra de la posibilidad de elegir trabajos significativos para ellos/as y para las comunidades a las que pertenecen. Y son los mismos/as adultos/as miembros de la comunidad quienes muchas veces funcionan como referentes cuando se trata de elegir a qué dedicarse, ya sea qué estudiar o en qué trabajar. Podemos suponer que los adultos de la comunidad a la que se integrarán activamente los jóvenes adultos/as, son quienes cumplen el papel de reproducir un discurso sobre el trabajo, concebido principalmente como una actividad económica. Y a pesar de que se entiende que existen una multiplicidad de razones por las cuales algunos miembros de la sociedad requieran buscar trabajos desde un punto de vista estrictamente económico, el efecto de propiciar esta idea en jóvenes adultos/as puede ser perjudicial a varios niveles.
El principal que se alcanza a ver es que la búsqueda de un trabajo rentable no tiene porque dejar de lado el que ese trabajo sea satisfactorio también a nivel creativo, a nivel habilidades y destrezas. Recordemos que desde una perspectiva winnicottiana, son serias las implicaciones que tiene en la salud mental el que se consiga sobrevivir, más no vivir plenamente. La falta de contacto con la propia capacidad creativa da lugar a experiencias donde algo de la violencia o del sinsentido se ponen en marcha. Por lo anterior, nuestro segundo objetivo sería propiciar el contacto con uno/a mismo/a con la intención de reconocer deseos y proyectos personales a futuro que, combinadas con el contacto con las destrezas y habilidades, potencialmente fortalezcan el andamiaje en el que se monta la elección del qué hacer en términos de estudio o de trabajo.
Estar en contacto con nuestras destrezas y habilidades puede contribuir a entender mejor qué deseamos hacer y en qué somos buenos; habitando un intermedio posible entre la satisfacción creativa y la satisfacción económica. Buscando ese estado de fluidez del que habla Csikszentmihaly, especialmente en el trabajo y en las actividades alrededor de este, propiciamos encontrar una labor con la cual participar, de una forma digna y competente, en la comunidad de la que se forma parte.
Ofertas desde la DMT
Una de las primeras definiciones de Danza Movimiento Terapia (DMT) la describe como “el uso psicoterapéutico del movimiento como un proceso que promueva la integración física y emocional del individuo” (Levy: 1988, 5). Los miembros creadores de la Asociación Americana de Danza Terapia, primera asociación que se conformó, llegaron a esta definición en un intento por organizar, sistematizar y socializar las experiencias que ellos mismos habían tenido con esta naciente disciplina. Hoy en día, habiendo pasado 49 años desde esa definición -realizada en 1972-, se puede asegurar que dentro de la DMT existen muchos mundos posibles que no sólo coexisten sino que además nutren el quehacer de esta práctica que continúa desarrollándose.
En el centro de la DMT, sin embargo, perdura una marcada intención por usar el movimiento y la danza con fines terapéuticos. Lo terapéutico en esta disciplina obedece al interés por ofrecer experiencias de integración mente-cuerpo y por las consecuencias positivas que suelen acompañarlas. Esta definición de lo terapéutico funciona como una amplia base donde se puede trabajar con nociones como bienestar, creatividad y expresividad.
Gracias a esa amplitud, la DMT es capaz de utilizar definiciones y conceptos provenientes no sólo de la psicopatología, sino también de la psicología de la salud. La diferencia más evidente entre estos campos es que en el primero se estudian los aspectos enfermos de las personas, y en el segundo, los aspectos saludables. El concepto alrededor del cual se centra esta propuesta pertenece al campo de la psicología de la salud, o psicología positiva: el estado de flow de Csikszentmihaly,.
Propiciar el estado de fluidez desde la DMT
Pensando en el objetivo general de propiciar un estado de fluidez en adultos jóvenes que son ninis, aparecen nuestros dos objetivos particulares: del contacto consigo mismo/a y el contacto con sus habilidades y destrezas.
Para objetivo del contacto con uno mismo se propone la herramienta del enraizamiento (Lowen) y para el objetivo del contacto con las habilidades y destrezas se propone la exploración del flujo (Laban-Bartenieff).
Enraizamiento
En su artículo sobre el grounding -o enraizamiento-, la danza/movimiento terapeuta Patricia de Tord dice que la palabra nos remite directamente al hecho de que el planeta Tierra funciona como un soporte del que depende la vida de nosotros, los seres humanos, los animales y las plantas por igual (2015:16). El concepto fue desarrollado inicialmente por el terapeuta corporal Alexander Lowen (1910 - 2008) quien lo basó en la interacción que pudo notar entre la mente y el cuerpo.
Para Lowen, todos los seres humanos estamos “física, emocional y energéticamente enraizados en la Tierra” (de Tord, 2015:16) de modo que toda la energía encuentra la manera de dirigirse hacia el suelo: el principio del enraizamiento es ese.
Desde la DMT, la pertinencia del concepto de enraizamiento está sustentada en la relación entre mente y cuerpo que sustenta este concepto. Por lo tanto, el enraizamiento, o la falta de enraizamiento, puede percibirse y estudiarse a partir de aspectos no sólo físicos, sino también emocionales y sociales de las personas. De ahí que, una “persona con auto-percepción bien enraizada o que tiene ‘los pies en la tierra’ es una persona balanceada, madura psicológicamente y en contacto con la realidad” (de Tord, 2015:17).
Entonces, la posibilidad de aprender a estar en contacto con el sostén de la Tierra, desde un punto de vista físico, afecta y condiciona las capacidades de sostén psicológicas y también sociales.
Siguiendo a de Tord diremos que, en términos prácticos, el enraizamiento es la capacidad de percibir y vivir en el ‘aquí y ahora’, además de percibir el contacto con el suelo (2015:17). Lo que brinda el grounding es la posibilidad de vivir en el momento presente, conectado con las necesidades actuales y las posibilidades de acción actuales. Psicológicamente, el enraizamiento permite a las personas sentirse presentes consigo mismas, dentro de sus propios cuerpos y de sus mentes, en una relación permanente con el sostén de la Tierra (2015:17). Sin sostén, las personas reportan mayores niveles de ansiedad, desesperanza, preocupación por el futuro y demás síntomas asociados a la depresión.
La experiencia física de sostén se traduce en despliegue de varias formas de sostén interno. En su texto al respecto, de Tord recupera el trabajo con distintos tipos de enraizamiento para alcanzar distintas metas. El enraizamiento físico es uno que favorece la conexión con el suelo y fortalece la posición vertical que se asocia con la estabilidad. El enraizamiento sensorial construye una mejor relación con la auto percepción sensorial y la propiocepción. El enraizamiento emocional promueve el bienestar psicológico. Por último, el enraizamiento social, busca expandir la comunicación verbal y no verbal entre la persona y el danza/movimiento terapeuta, y/o otros miembro del grupo, si es el caso (2015:19).
Las experiencias de enraizamiento pueden ayudar a construir una sensación de auto-sostén, primero físico, y después emocional y mental, que podrían resultar positivas en una población cuyo desafío en términos de desarrollo está puesto en el valerse por sí mismos/as.
Lo más interesante de esta experiencia de presencia que brinda el enraizamiento es que ella no quiere decir que hemos de permanecer atados irremediablemente a la situación actual que se atraviesa. Al contrario, el enraizamiento es una capacidad que sostienen permanentemente el presente ayudándonos a atravesar situaciones de todo tipo, incluidas aquellas en las que se proyecta hacia un futuro que, si bien puede aún ser imaginario, no deja de ser sostenido y anclado desde lo real.
Flujo
El flujo es un concepto desarrollado por el coreógrafo Rudolph von Laban (1879 - 1958) y se encuentra dentro de lo que él identifica como esfuerzos. Laban fue un maravilloso observador del movimiento, tanto de su forma, como de su contenido. Pensando en esa complementariedad, para Laban los esfuerzos representan una manera de describir dinámicas del movimiento a partir de cuatro factores que son: espacio, tiempo, peso y flujo (Levy, 1988:134).
Cada uno de estos factores cuenta con 2 posibilidades opuestas llamadas elementos. Los elementos del espacio son directo o indirecto; los elementos del tiempo son repentino (rápido) o sostenido (lento); los elementos del peso son fuerte o liviano; y los elementos del flujo son libre o conducido (Levy, 1988:134).
Es importante mencionar que es imposible concebir a los factores, los esfuerzos, de forma aislada. Todo ellos participan del movimiento aunque en diferente intensidad cambiando, por supuesto, aquellos que aparecen como dominantes a cada momento (Levy, 1988:134).
Por otra parte, en su libro sobre danza terapia y psicología analítica, Joan Chodorow nos ofrece la perspectiva que tenía Jung sobre las cuatro funciones del ego. Estas funciones corresponden a los medios mediante los cuales la consciencia puede orientarse, por así decirlo. Ellas son: la senso-percepción, el pensamiento, la sensación y la intuición.
Laban toma esta idea de las cuatro funciones de Jung y la equipara con los cuatro esfuerzos. El factor de peso se relaciona con la senso-percepción; el espacio con el pensamiento, el flujo con la sensación y el tiempo con la intuición (Mirodan, 2015). Y es gracias a este puente que Laban construye entre el movimiento en su forma física externa y en movimiento en su contenido psíquico interno, es que su trabajo se vuelve una herramienta fundamental para la DMT.
Para Jung había una relación entre todas las funciones del ego aunque las describe de una manera casi cronológica en la que lo primero que aparece es la senso-percepción, que da cuenta de que algo existe, sigue el pensamiento, que da información sobre qué es, después aparece la sensación, que nos advierte si es o no agradable, y finalmente la intuición, que nos habla del de dónde viene y hacia dónde va (Chodorow. 2013:85).
La experiencia de flujo tiene una connotación interesante ya que ella expresa la progresión del movimiento; si esa progresión es libre o es conducida. Recordemos que la intención de explorar el flujo en este caso se propone como un medio para acercarse al estado de fluidez en el que se buscaría estar totalmente sumergido con la tarea entre manos. Tanto el flujo libre como el conducido podrían explorarse.
En el flujo libre, para Jean Newlove, la experiencia de movimiento se asocia con la libertad, con el sentir que no hay problemas, que no hay equivocaciones y que no hace falta cambiar de parecer (1993:48). Adicionalmente, la experiencia viene acompañada por la dificultad de cortar el movimiento súbitamente.
En el flujo conducido, el movimiento se asocia con la posibilidad constante de frenar, que no quiere decir abandonar el movimiento sino pausarlo. El flujo del movimiento es controlado y cuidado por la persona. El viaje del movimiento en el espacio se detiene y el flujo se torna más interno. En este caso, las pausas obedecen a una variedad de razones: percibir un error, un cambio de idea, una nueva sensación que invita a ajustar o corregir o cualquier otro motivo que invite a pausar y retomar (1993:48).
En el transcurso de una sesión o de un taller basado en la DMT, se le da la misma importancia a la experiencia del movimiento, que a la palabra que se comparte después de haberse movido. De alguna forma, es como si se le diera espacio a cada una de las funciones del ego que describe Jung y que toma Laban. Tanto a la senso-percepción e intuición, que son modos directos -inmediatos- de percepción, como al pensamiento y la sensación, que son funciones explicativas -racionales- de la experiencia.
A modo de conclusión
Lo que en este escrito se presenta es una primera aproximación teórica al trabajo con ninis desde la Danza/Movimiento Terapia. Como toda aproximación teórica perteneciente a un campo donde el uso del movimiento tiene fines psicoterapéuticos, faltaría poner la propuesta a prueba. A partir del poder mover la propuesta con la población a la que está dirigida, es que ésta cobra un real sentido; pensando en la definición de esta palabra no solo como sinónimo de significado sino también de dirección.
La DMT es una disciplina que se orienta a partir de una pauta inicial indiscutible: ir adonde está el otro y desde donde está el otro. El otro, en este caso el/la consultante, o el/la moviente, es quien verdaderamente da sentido a una propuesta que, por su parte, ofrece la danza/movimiento terapeuta, con su presencia y su testimonio, como persona responsable de facilitador y sostener el espacio.
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Bibliografía
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Chodorow, J. (2013). Dance therapy and depth psychology: The moving imagination. Routledge.
Csikszentmihalyi, M. (1990). Flow. The Psychology of Optimal Experience. New York. Harper Perennial.
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Leyva Parra, G. & R. Negrete Prieto. “NiNi: un término Ni pertinente Ni útil”, en: Coyuntura Demográfica. 5. Ciudad de México, SOMEDE, 2014, pp. 15-20.
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Monreal-Gimeno, C., Macarro, M. J. M., & Muñoz, L. V. A. (2001). “El adulto: etapas y consideraciones para el aprendizaje” en: Eúphoros, (3), 97-112.
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